“Tengo miedo de que quizás ustedes estén en 1988”, dice desde Francia y por videollamada el notable politólogo polaco Adam Przeworski, profesor en las universidades de Nueva York y de Chicago y referente en los estudios sobre democracia en la actualidad. La charla con Ñ comenzó hace un rato y, aunque se disculpa con humildad por proponer un diagnóstico sobre la Argentina, eso es lo que hará a continuación porque su nuevo libro Las crisis de la democracia (Siglo XXI) también habla de este país.
La palabra privilegio se usó por primera vez en el siglo XII y se refería a un “proyecto de ley a favor o en contra de un individuo”. En Estados Unidos, el 64% de los funcionarios elegidos son hombres blancos, a pesar de que solo constituyen el 31% de la población del país. Esto se relaciona con el hecho de que las expectativas de los blancos les dan forma a las interpretaciones de las leyes, que les permiten alegar, por ejemplo, que fue el miedo lo que les hizo matar a una persona negra desarmada o, como escribe la teórica racial y profesora de derechos y libertades civiles Cheryl Harris, “las leyes estadounidenses han reconocido un interés en la blanquitud como propiedad”.
¿Qué es un órgano? ¿Qué es lo que le extirpan a uno del cuerpo y le implantan a otro? En el volumen 6 del Historisches Wörterbuch der Philosophie (Diccionario histórico de la filosofía, obra colectiva de la que participaron más de 1.500 académicos), la definición temprana de órgano proviene de Tomás de Aquino, que distingue entre órganos e instrumentos. Mientras que un instrumento, por ejemplo un hacha, existe con independencia de un alma determinada, un órgano sería unitum et proprium, pues solo le resulta útil a una única alma. A los doce años, David Wagner supo que su hígado no funcionaba bien; a los quince, una de sus fantasías favoritas era imaginar su propio entierro; cerca de los cuarenta, sus venas esofágicas reventaron, su hepatitis autoinmune crónico-agresiva, la cirrosis y la hipertensión en los vasos de su hígado indicaron que necesitaba un trasplante, urgente.
“¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte, para que, sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo! Tú posees el secreto: ¡revélanoslo!”. El 2 de mayo de 1845, en la parte destinada al folletín del periódico chileno El Progreso, Domingo Faustino Sarmiento publicaba la introducción de lo que sería su texto más famoso, en una articulación entre literatura y política que marcaría para siempre no solo el destino de su gobierno, sino también el futuro del país.
En una especie de homenaje, el sábado se llevó a cabo la maratón de lectura del Facundo en el Museo Histórico Sarmiento, una actividad organizada por el museo, el Grupo de Estudios Sarmientinos del Instituto de Literatura Hispanoamericana y la cátedra de Literatura Argentina I B de la Universidad de Buenos Aires.
Fue en 1967 que se publicó por primera vez La orquesta roja, un texto de no ficción que se convirtió en un clásico entre las novelas de espionaje. Durante tres años, su autor, Gilles Perrault investigó exhaustivamente la red soviética de espionaje que funcionó durante la Segunda Guerra Mundial en Europa y fue decisiva para la derrota de los nazis.
El bestseller, traducido a diecinueve idiomas, resultó de lectura casi obligatoria durante la década del 70, junto con otros textos de culto que circulaban por esos tiempos. No se trataba de una moda, sino de un documento de época que luego el periodista francés revisó para la edición de 1989 y que ahora regresa para reactualizar el pasado y resignificar el presente.
¿Cuántas formas de disenso existen? ¿Hasta que punto discrepar es hoy sinónimo de ir contra todo? O, ¿por qué no, contra todos? ¿Acaso es, en un tiempo que no da respiro, una práctica priorizada, difundida y transformadora?
Atenta a los debates actuales, en Elogio del disenso (Debate) la filósofa Diana Cohen Agrest analiza las polémicas en torno a los temas que son eje de discusión tanto en redes sociales como en programas de televisión y hasta en la mesa familiar o una reunión de amigos. En una actitud hegeliana, la de elogiar el conflicto, sostiene que el mundo actual está inmerso en el subjetivismo, al tiempo que sentencia que la falla radica no en los valores sino en las diferencias presentes en los sistemas de creencias.
Mientras el mundo sigue de cerca los movimientos de los soldados rusos apostados en la frontera con Ucrania; a pedido de Estados Unidos, el Consejo de Seguridad de la ONU se reunió para tratar el conflicto. Lo hizo el pasado 31 de enero, y porque las maniobras de los hombres de Putin provocan sobresaltos y alerta en los países de Occidente que temen una invasión de la exrepública soviética.
“El grado de emancipación de la mujer en una sociedad es el criterio natural de la emancipación general”, sostenía el filósofo alemán Friedrich Engels casi un siglo y medio atrás. En la actualidad, podemos decir que esa emancipación general sigue siendo algo lejano. No obstante, en el mundo premoderno, la situación era todavía más sombría: las mujeres no solo eran consideradas físicamente inferiores a los hombres, sino que se recalcaba su irracionalidad y se las recluía a una vida privada en la que las virtudes más valoradas eran la castidad, el silencio y la obediencia.
“La negación del Holocausto empezó con el Holocausto mismo”, aseguró Yehuda Bauer, profesor emérito de historia y estudios del Holocausto en el Instituto Avraham Harman de Judaísmo Contemporáneo en la Universidad Hebrea de Jerusalén y asesor académico de Yad Vashem. Invitado para clausurar el ciclo internacional de conferencias La humanidad quebrada, organizado por el Museo del Holocausto de Buenos Aires, el experto disertó sobre Negación y distorsión del Holocausto.
Durante el evento virtual Facebook Connect 2021, Mark Zuckerberg anunció que a partir de ese momento la empresa detrás de la red social pasaba a llamarse Meta, que en griego significa “más allá”. El objetivo, llevar las aplicaciones de la compañía, incluidas Whatsapp, Oculus e Instagram, a otro nivel. No obstante, la imagen y la reputación que la corporación supo proyectar han sido –y siguen siendo– fuente de debate y polémica en todo el mundo y, a decir verdad, el historial de problemas y controversias que acarrea Facebook difícilmente cambie con la alteración del nombre.