Convivir con la pandemia se ha vuelto un habitar la digitalidad de forma casi permanente. En este contexto, fueron muchas las instituciones que debieron adaptarse a dialogar con sus interlocutores: desde los hospitales y las teleconsultas hasta los museos y las visitas virtuales, o desde la escuela y las clases por Zoom hasta las grandes ferias de arte y los recorridos de sus versiones online. Así, un token no fungible –-o NFT– de imágenes de Instagram reunidas en un collage fue subastado por Christie’s en 69,3 millones de dólares hace apenas unos días. La pieza, una imagen digital no material, parece marcar un cambio crucial para la industria y el universo artístico. ¿Qué pasa con la distribución del arte en este escenario? ¿Cómo es la relación entre productores y espectadores mediada por Internet y los dispositivos móviles? El archivo en su variante digital, ¿garantiza la trascendencia temporal del artista?