E n el mes de agosto se realizó Arte en código NFT: oportunidades y desafíos para el arte en el espacio digital, un evento organizado por el Fondo Nacional de las Artes (FNA). El tono de la primera exposición, a cargo Gabriel Rey Linares, experto en blockchain y criptoarte, parecía anunciar el inicio de una revolución: “Se viene la tokenización de la economía”, “puedo comercializar arte desde mi teléfono celular deslizando la pantalla con un dedo”, “lo que está en el blockchain va a estar mientras la humanidad exista”. Pero, a la vez, Linares necesitaba recurrir a abundantes analogías y metáforas para explicar cada concepto, dando cuenta de lo arduo de la temática. Se hablaba de NFT o Non-Fungible Token (por sus siglas en inglés), un término bien conocido en el mundo de las “criptofinanzas”, pero ajeno al ecosistema del arte tradicional hasta marzo de 2021. Fue en ese entonces cuando la icónica casa de subastas Christie’s, fundada en el siglo XVIII, vendió su primer NFT y la historia cambió.