La filósofa belga indaga en el modo en que quienes ya no están permanecen en la vida de sus deudos.
El vigor de los zombies en la industria del entretenimiento y la ingente bibliografía sobre los laberintos del duelo familiar nos llaman la atención sobre la clásica pregunta metafísica, que por siglos solo respondieron las religiones. Un muerto no equivale a un fantasma. ¿Cómo resolverla con una perspectiva laica? “Yo llevo adelante una investigación sobre la manera en que los muertos entran en la vida de los vivos”, sostiene la filósofa belga Vinciane Despret con respecto a su trabajo.
Así, en A la salud de los muertos, relatos de quienes quedan (Cactus), la académica se propuso estudiar las formas en que el ser existe e investiga qué es lo que vuelve a un muerto capaz de sostenerse. Al mismo tiempo, la autora cuenta cómo quienes quedan exploran, con cuidado, atención, sabiduría y mucho interés, las condiciones para establecimientos de relaciones consumadas, aprenden lo que puede importarles a quienes ya no están e indagan qué es lo que los muertos piden y cómo responderles. En definitiva, como explica en este intercambio por mail con Ñ, da cuenta de cómo los vivos se esfuerzan por estar a la altura de una prueba difícil como lo es perder a alguien y aprender a reencontrarlo.