Tres libros recientes abordan la ya vieja plataforma: una biblioteca infinita donde hay lugar para lo inimaginable.
La conocida parábola “Los ciegos y el elefante” cuenta la historia de seis sabios hindúes privados del sentido de la vista que querían saber cómo era un elefante. Para el primero, que tocó su lomo, el paquidermo era como una pared. Para el segundo, que tanteó un colmillo, como una lanza. Para el tercero, que se topó con la trompa, como una serpiente. Así siguieron hasta completar seis descripciones del animal absolutamente incompatibles entre sí. La paradoja es que todos tenían razón. En Occidente, fue el poeta estadounidense John Godfrey Saxe quien popularizó este relato en 1872, y el psicólogo y filósofo humanista Erich Fromm lo empleó en El arte de amar (1956) para hablar de los objetos amorosos. En los últimos veinte años, la metáfora ha sido repetida en más de una disertación para dar cuenta de la variedad de perspectivas, emanadas de diferentes disciplinas, sobre un objeto misterioso que invadió nuestra cotidianeidad: Internet, eso para lo que todo el mundo tiene una definición. Pero ¿qué es eso que llamamos Internet? ¿Todos sabemos exactamente de qué hablamos cada vez que enunciamos esa palabra?