Nicolás Mavrakis

Internet, un continente del amor y del odio

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Sábado 4 de Noviembre de 2017
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La nota salió publicada en la edición en papel.

Tres libros recientes abordan la ya vieja plataforma: una biblioteca infinita donde hay lugar para lo inimaginable.

La conocida parábola “Los ciegos y el elefante” cuenta la historia de seis sabios hindúes privados del sentido de la vista que querían saber cómo era un elefante. Para el primero, que tocó su lomo, el paquidermo era como una pared. Para el segundo, que tanteó un colmillo, como una lanza. Para el tercero, que se topó con la trompa, como una serpiente. Así siguieron hasta completar seis descripciones del animal absolutamente incompatibles entre sí. La paradoja es que todos tenían razón. En Occidente, fue el poeta estadounidense John Godfrey Saxe quien popularizó este relato en 1872, y el psicólogo y filósofo humanista Erich Fromm lo empleó en El arte de amar (1956) para hablar de los objetos amorosos. En los últimos veinte años, la metáfora ha sido repetida en más de una disertación para dar cuenta de la variedad de perspectivas, emanadas de diferentes disciplinas, sobre un objeto misterioso que invadió nuestra cotidianeidad: Internet, eso para lo que todo el mundo tiene una definición. Pero ¿qué es eso que llamamos Internet? ¿Todos sabemos exactamente de qué hablamos cada vez que enunciamos esa palabra?

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Domingo 16 de Agosto de 2015
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Nota de tapa

"El Grito" Comments, trolls y la utopía de la moderación: algunas reflexiones sobre la libertad de expresión y las viejas tensiones detrás de la "regulación de internet", a raíz del reciente proyecto para ampliar la ley antidiscriminación.

La noticia de un nuevo proyecto para ampliar la ley antidiscriminación que rige desde el año 1988 con el objetivo de actualizar el concepto de acto discriminatorio y extenderlo a nuevas esferas, entre ellas la web, reavivó los debates sobre la libertad de expresión en internet. Del marketing ciberutópico y la fe en lo digital como un territorio autónomo que no reconoce leyes ni diálogo político, al temor por el flujo incontrolable de opiniones y las propuestas “pírricas” que, a pesar de sus buenas intenciones, terminan siendo perjudiciales y obsoletas, lo que pasa y lo que se dice en la web sigue siendo materia de discusiones. ¿Se pueden moderar los comentarios? ¿Qué significa ser un “troll”? ¿Existe ese territorio libre de tensiones y negociaciones, esa “zona nueva” que genera sus propias herramientas y prescinde de las categorías políticas e intelectuales clásicas para pensar su impacto en nuestra realidad? Algunas reflexiones sobre la [im]posibilidad de “regular internet”.