Mientras las grandes capitales del mundo albergan cada vez más grúas torre y las amoladoras lo invaden todo hasta transformarse en el sonido ambiente, los rayos de sol, los libros, los cafés veganos y la comida orgánica “disipan las sombras de la mugre, la pobreza y la pornografía”, características antes indisociables de cualquier gran urbe. ¿A qué se debe este fenómeno? ¿Es una moda, o acaso un deseo cultural?