El espionaje multiplica el control y no deja puntos ciegos sin reportar. Un encuentro reciente discutió la situación.
Los secretos son mentiras / Compartir es querer / La privacidad es un robo”. Aunque remitan a los lemas de “Ingsoc” en el clásico 1984 de George Orwell, en realidad estas frases pertenecen a El Círculo, la corporación global que en un futuro cercano –y según el best seller de Dave Eggers– registrará cada dato generado por cada individuo en todo el planeta. Lo paradójico es que estos enunciados sombríos provienen de ideas altruistas.
Mae Holland, la protagonista, ingresa a la compañía, realiza el sueño de su vida y le pone voz a algunos de los mantras más idealistas que resuenan en los debates actuales sobre tecnología: “El estado natural de la información es ser libre / Compartes lo que tienes, lo que ves y lo que sabes / El secretismo forma parte de un sistema de conducta aberrante”. Tamizadas por la ideología de uno de los gurúes de El Círculo durante una conferencia, sus frases terminan tornando aceptable el discurso de la compañía, que postula la privacidad como un disvalor y la transparencia como un absoluto. La novela deja en claro que el know-how sobre el dispositivo simbólico de la sociedad continúa siendo el activo más valioso que puede controlar una empresa, en especial una de Internet: cuando hablan de innovación y tecnología, hablan en realidad de relaciones sociales y valores.