Antes de que llegara la pandemia al país, las cifras indicaban una pobreza general del 40% (que subía a 50% en niños) y un 40% de trabajo informal. Con la insistencia del virus y las consecuentes medidas de prevención y aislamiento, muchas personas perdieron sus empleos y la desigualdad, que ya era evidente, se agudizó. Las cifras proyectadas por Unicef Argentina indican que, para fin de año, las chicas y chicos pobres serán más de ocho millones. En este contexto, y al tiempo que casi nueve millones de personas reciben la tercera entrega del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), la posibilidad de poner en marcha otros mecanismos para paliar la situación ha sido tema de debate en el gobierno. Daniel Arroyo, ministro de Desarrollo Social, afirmó que se avanzará en la sustitución del IFE por un Ingreso Universal equivalente a un salario mínimo, vital y móvil: lo recibirán alrededor de cuatro millones de personas en situación de alta vulnerabilidad.